Los problemas y preocupaciones nos ocupan gran parte de nuestro tiempo, pareciera que siempre tenemos algo pendiente que hacer y que el tiempo se nos pasa volando;  tantas veces oímos a las personas que nos hablan pero no las escuchamos con la dedicación que deberíamos, siempre de prisa, llegando tarde.

En esas circunstancias es difícil encontrar espacios para una reflexión interior, sin embargo Dios está siempre tratando de hablarnos con voz suave  y llamar nuestra atención en cosas sutiles, pero no estamos atentos, perdiendo así  la oportunidad de su buen consejo.

¿Qué podemos hacer para ser más sensibles a la voz de Dios?  Tenemos que proponernos tener un tiempo de quietud y reflexión en cada uno de nuestros días, debemos asignar una hora, la más propicia. Cada uno sabrá si será temprano en la mañana o ya por la tarde, escoger un lugar que puede ser en nuestro hogar, o en algún otro en donde puedas alejarte del ruido y  las distracciones  por algunos minutos.

La clave para renovar nuestra mente, cuerpo y espíritu es desarrollar el hábito y la disciplina para meditar en la palabra de Dios todos los días, aunque sean algunos minutos. En la meditación sólo debemos pensar  en calma lo que leemos o lo que queremos decirle a nuestro Padre celestial, con nuestra propia forma de hablar; lo más importante es que ese sentimiento brote de nuestro corazón, sea en gozo, tristeza, o angustia; en necesidad o en gratitud.

El meditar en la palabra de Dios nos ayuda en nuestro trabajo. Josué 1:8

El meditar en la palabra de Dios mantiene nuestro corazón en dirección a los deseos que Él tiene  para nuestra vida, necesitamos meditar nuestros pensamientos, motivos y acciones diarias confesando nuestras malas actitudes y hechos todos los días. Hebreos 4:12

El meditar Las Escrituras llenará tu mente de sus enseñanzas positivas, el proceso de razonamiento sólo puede procesar un pensamiento a la vez, así que si meditamos constantemente todas las cosas buenas que Dios desea para nuestra vida, todas las cosas que hace que sucedan para nuestro bien, e infinitas promesas que tiene para nuestra vida, ten la seguridad que no nos quedaría tiempo para tener malos pensamientos.

Lo más importante de meditar la palabra de Dios es que aun después de terminar ese momento, nuestra mente y espíritu lo procesan durante todo el día, alentándonos a caminar rectamente de acuerdo a los principios de su palabra. Salmos 84:11

 

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