“Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas” Jn.10:41

Más de una vez me he preguntado porqué Dios habla tan poco con nosotros. Oímos una enseñanza pública en una reunión general; llegamos algunas veces a leer la Biblia por un momento; compartimos con otros acerca de Dios; oramos , etc. y aunque ciertamente en cada uno de esos casos o de cualquier otra manera el Señor se hace oír, sigo pensando que hay escasez de comunicación entre Dios y sus hijos.

La Biblia dice que el deseo de Dios es tener comunión con nosotros y en repetidas ocasiones nos insta a buscar su rostro, pero aún así, veo poca interacción. ¿Ha perdido Dios el interés en hablar personalmente con alguien? ¿Hay cosas más importantes para Él que sentarse a platicar conmigo? ¿Así es como funcionará esta relación? Definitivamente ¡no!

El relato de la visita de Jesús a casa de Marta y de María (Lc.10:38-42) ilustra de manera magistral dónde radica el problema: estamos profundamente distraídos con muchas cosas y tanto ruido nos ha privado de poder escuchar al Dios que ama hablar con nosotros.

La historia nos muestra que Marta le recibió en su casa. Su interés por atender al Maestro no se podía pasar por alto pues veía con urgencia la necesidad de darle un buen servicio y atención. Por otro lado, su hermana María prefirió sentarse a sus pies y escucharlo. Marta no pudo sino ofenderse por tal actitud y de alguna manera le reclamó al Señor por la “pasividad” de María diciéndole: “¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? ¡Dile que me ayude!” La respuesta del Señor la tenemos en la lectura inicial. La palabra “afanada” tiene en griego el sentido de ansiosa, mientras que “turbada” tiene la connotación de alborotada. ¿Te suena familiar?

De no tomar medidas radicales en cuanto darle seriedad a la necesidad de oír todo lo que Dios quiere hablar con nosotros, seguiremos perdiéndonos de la mejor parte, la cual difícilmente vuelve a presentarse. ¿De cuánto nos hemos perdido los últimos años por nuestra indiferencia? ¿Cuánto nos ha costado el estar tan distraídos con mil cosas? ¿Valdrá la pena en lo posterior seguir ansiosos y alborotados por todos los asuntos que tenemos que atender diariamente o lamentaremos el no haber tomado la determinación de sentarnos a los pies del Maestro y platicar con Él?

No olvides que Dios ama la comunicación.

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Marta y María, comunicación, tiempo con Dios y su palabra