Cuando oímos hablar de liderazgo, generalmente asociamos en nuestra mente palabras que nos den una idea de lo que esto es (o debería ser), como “emprendedor”, “hábil”, “capacidad”, “fuerza”, “motivación”, “visión”, “planeación”, “estrategia”, “dirección”, “energía”, en el mejor de los casos “servicio”, y cualquier cantidad de significados que pudiéramos dar a este concepto que cada vez resulta más innovador y sofisticado dentro de nuestras iglesias. Y si bien es cierto que el liderazgo debe contener ciertas cualidades o distintivos como los mencionados atrás, me surge una pregunta: ¿cuál es el elemento esencial del liderazgo cristiano?

Antes de contestar vayamos un poco más atrás en nuestra reflexión y consideremos lo siguiente: para ser líder necesitas que alguien te esté siguiendo o que haya determinado tomarte como ejemplo de vida; y en ese sentido, líderes somos la gran mayoría. Los padres, los tíos, los abuelos, los maestros, los tutores, los directores, los pastores, los ejecutivos, los primos, los hermanos, los amigos, etc…; todos influimos de alguna manera en más de una persona a lo largo de nuestra vida y, sin pretenderlo y a veces sin desearlo, tenemos tras nosotros a alguien siguiendo nuestras pisadas. ¡Esto es una responsabilidad enorme! ¿No crees? Sin embargo esto no es el elemento esencial del liderazgo sino más bien lo que te empuja a serlo y lo que te ubica en ese lugar de influencia.

Déjame compartirte lo siguiente. Hace muchos años escuché una canción de la cual sólo grabé en mi mente un fragmento del coro que decía: “Señor yo quiero ser como tú, porque él quiere ser como yo”, siendo el contexto la oración de un padre por sí mismo y por su hijo que no haría otra cosa más que seguirlo e imitarlo; y creo que ahí está oculta la marca distintiva de un liderazgo espiritual y genuino.

El apóstol Pablo, líder en toda la extensión de la palabra, acuñó un par de veces frases que ningún líder debería pretender evadir.Sean imitadores de mí, así como yo de Cristo” –decía en 1Co.11:1-; “Hermanos, sean imitadores de mí, y miren a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” –repetía a los filipenses en 3:17-. Estas no eran palabras orgullosas ni tampoco la exhibición de una falsa humildad sino una determinación seria, profunda y puntual de seguir a Cristo la cual le capacitaba para ser un modelo ejemplar, digno de seguir.

Por increíble que parezca muchos líderes espirituales a lo largo del tiempo, engañados por sus propias “capacidades” y presos en la trampa de saberse “esenciales” y “súper dotados” dejaron de seguir al Señor para convertirse ellos mismos en referentes de vida para otros. Tal fue el caso del rey Saúl quien se apartó de en pos del Señor para seguir sus propios caminos (1Sa.15:11), razón por la cual Dios le reprobó y eventualmente abandonó. ¡Eso fue una tragedia! una historia que por donde la veas no deja de ser estremecedora porque exhibe la vida de alguien que olvidó que líder es aquel que nunca deja de seguir a alguien; y para que un líder cristiano pueda garantizar que llevará a puerto seguro a quienes van detrás de él, deberá ser profunda, seria y sinceramente consciente de que está siguiendo a Cristo de otra manera está destinado al fracaso personal y a la corresponsabilidad del fracaso colectivo.

Hay ojos que nos miran, pero también los nuestros hacen lo mismo. Hay quienes vienen siguiéndonos, pero también nosotros estamos siguiendo a alguien más. Hay quienes nos dan correcta dirección porque van tras las pisadas del Maestro, pero nosotros también estamos pisando Sus mismas huellas. Esa es la esencia del líder y una marca que deberá acompañarle el resto del camino.

No te equivoques evadiendo tan bella oportunidad de brindar a otros, dirección en un mundo donde escasean los buenos ejemplos. Tampoco te atrevas a tomar decisiones que los harán extraviarse junto contigo. Nunca consideres dejar de seguir a Cristo porque entonces los guiarás a la muerte. Y bajo ninguna circunstancia seas ligero en tu determinación, porque para ser un buen líder también se necesita ser valiente.

 

Dedico esta nota a mi amado sobrino Apolo Rosa (QPD) quien en su última visita a nuestra casa el pasado mes de Junio me dijo: “Chío (tío), yo quiero ser como tú; eres un ejemplo para mi vida; tú no sabes pero I like the way you are; so cuando sea grande voy a ser como tú y tú lo vas a ver chío”, dejándome ese día una gran responsabilidad pero también una honra por la que siempre será recordado. Hoy no puedo menos que reconocer en él a un gran líder que a pesar de su corta edad, logró influenciar en muchas personas, entre ellos mis hijos, los cuales le recordarán siempre como un hermano mayor.

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