Ro.12:2

La historia de los primeros cristianos (todo nuestro Nuevo Testamento) está teñida de rojo por la sangre de muchos que por causa de su fe perdieron sus bienes (terrenales), fueron perseguidos, maltratados, encarcelados, azotados, y muchas veces (demasiadas creo yo) asesinados de forma inhumana simplemente por profesar algo diferente a sus detractores.

Hoy leemos sus hazañas y hablamos de ellos con orgullo al saber que aquellos, nuestros hermanos primitivos, fueron quienes pusieron las primeras piedras de este gran edificio llamado Iglesia, y hacemos de sus vidas íconos de entrega y de amor incondicional por Cristo y su mensaje. Pero todo está bien hasta el momento en que algo similar nos llega a ocurrir. Cuando el sufrimiento o el dolor nos asiste comenzamos a preguntarnos ¿dónde está Dios? ¿porqué lo permite? ¿cuándo se cumplirán sus promesas? Si soy su hij@ ¿porqué me suceden estas cosas?

El sufrimiento, en cualquiera de sus presentaciones, ha alcanzado en incontables ocasiones la vida de hombres y mujeres que han amado y servido fielmente a Dios; sin embargo, eso no significa que Él haya sido indiferente o insensible a su dolor o que no actúe a nuestro favor en momentos así.

Nuestra lectura inicial es, entre otras cosas, una invitación a transformar nuestra manera de pensar respecto a la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. En una ocasión escuché a alguien decir que si la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, entonces no puede considerarse ninguna situación adversa (escasez, enfermedad, sufrimiento, etc.) como parte de su voluntad; pero creo que esto no es más que una distorsión pretenciosa y conveniente de asumir que la vida del cristiano debe ser "libre de conflicto".

La historia nos dice y ratifica otra realidad; y no sólo la historia sino las palabras mismas de Jesús al predecir que la Iglesia estaría en medio de un ambiente hostil en su contra, impregnado de aflicción y muerte pero victoriosa (entiéndase victoriosa como triunfante y no ajena a la adversidad).

Lo lamentable de todo esto ha sido que esa mala semilla (pseudo-enseñanza) ha sido esparcida con gran "éxito" por todas partes, siendo bien recibida por una gran mayoría de pueblo de Dios que al parecer, movido por sus propios deseos de prosperidad económica, salud permanente, experiencias místicas y posiciones de autoridad espiritual sobre casi todas las cosas, no se da cuenta que cayó presa de fantasías irreales que la mayoría de las veces no verán cumplidas pues lo único que compraron fueron falsas esperanzas. Viven el "american dream espiritual" (sueño americano) en el que siempre están buscando, siempre esperando, siempre creyendo que "ya casi llega", pero sin darse cuenta que fueron hechos esclavos de si mismos y de los vendedores de esperanzas; y digo vendedores porque su “producto” tiene un costo; al final de cuentas no será gratuito; siempre habrá una factura que pagar.

Estos vendedores de esperanzas hoy por hoy pululan en púlpitos desde donde siembran un evangelio que no podría (en términos estrictamente bíblicos) llamarse Evangelio. Pero ni me sorprende ni me asusta que haya tantos vividores de la fe, sino que haya más, muchos más, que puedan seguirlos en su locura. Temo que las palabras proféticas de Pablo en 2 Timoteo 4:3-4 llegaron su fiel cumplimiento en esta generación: "Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos". (NTV)

Pido a Dios que nos haga despertar; que salgamos de este letargo y falsedad que nos está matando y que estemos dispuestos a no amoldarnos al tiempo presente, sino que por medio de una mente bíblica renovemos el entendimiento para comprobar cuál es su buena, agradable y perfecta voluntad. ¿Por qué no se lo pides tú también?

Etiquetas: 
primeros cristianos, mente bíblica, voluntad de Dios