El capítulo 7 de la carta a los Romanos contiene uno de los más grandes legados que el Apóstol Pablo pudo dejar a la Iglesia en cuanto a la interacción entre el viejo y el nuevo hombre, y la continua rivalidad de ambos. El viejo hombre es definido aquí como: el cuerpo de muerte, o por implicación, el hombre exterior. El nuevo hombre, que fue creado por y en conformidad a Dios, es llamado: el hombre interior.

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